El jueves 9 de julio de 2026 votó el Parlamento Europeo en Estrasburgo. 416 diputados votaron a favor de abrir negociaciones con el Consejo sobre la introducción del euro digital. 169 votaron en contra, 22 se abstuvieron.
Tres grupos habían intentado impedirlo. ECR, Patriotas y ESN habían impugnado el acuerdo de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del 23 de junio. Fracasaron.
Con ello queda libre el camino para la última fase legislativa. Parlamento y Consejo negocian ahora el texto definitivo. Una primera ronda con la presidencia irlandesa del Consejo debe celebrarse en breve.
Y uno de los puntos centrales de la posición del Parlamento cabe en el comunicado de prensa en una sola frase: debe haber un límite a cuántos euros digitales puede poseer una persona.
Por qué esa frase pesa más que todas las demás lo hemos descrito con detalle en nuestro análisis sobre quién fijará mañana las reglas del euro digital. Desde el jueves es posición negociadora de ambos legisladores.
Qué ha acordado el Parlamento
Según el comunicado de prensa, la posición negociadora del Parlamento contiene estos puntos centrales:
- El euro digital sería una nueva forma electrónica de dinero, emitida por el Banco Central Europeo, utilizable en línea y sin conexión.
- Debe incorporar salvaguardas de protección de datos. Los datos personales solo deben tratarse en la medida estrictamente necesaria para el funcionamiento del sistema.
- La mayoría de las empresas estarían obligadas a aceptar el euro digital. Habría excepciones para autónomos y pequeños negocios que tampoco aceptan otros pagos digitales.
- Los servicios básicos, como abrir una cuenta y un instrumento de pago, serían gratuitos.
- Habría un límite por persona.
- Los países del euro tendrían que mantener el acceso al efectivo, y las empresas no podrían prohibirlo.
El paquete consta de tres leyes. Una introduce el euro digital. Otra permite a los bancos de países de la UE sin euro distribuirlo. La tercera regula el curso legal de los billetes y monedas en euros. La tercera no estaba impugnada. También sobre ella se negocia ahora.
Cómo se llegó a la votación
El camino hasta el 9 de julio fue corto. El 23 de junio, la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios aprobó su posición sobre el paquete, la ley del euro digital por 43 votos contra 14 y una abstención. Ese mismo día decidió abrir negociaciones con el Consejo. El 26 de junio se presentó el informe al pleno como documento A10-0185/2026, y el 6 de julio se anunció en el pleno la decisión de negociar.
Normalmente, una decisión así sale adelante sin votación. Como tres grupos la impugnaron, el pleno tuvo que votar. El resultado es claro: 416 votos son una mayoría amplia, más del doble que los votos en contra. Quien confiaba en un freno en el Parlamento ya no tiene motivo desde el jueves.
El límite es un regulador
El efectivo no conoce límites. Un billete puedes tenerlo diez veces o mil. Nadie tiene que configurar un valor para ello.
Con el euro digital es distinto. Ya la propuesta de la Comisión de 2023 prevé que su uso como depósito de valor pueda limitarse. Según el artículo 16, el BCE desarrolla para ello instrumentos y decide sus parámetros. Los proveedores de servicios de pago deben aplicar los límites.
Ahora llega el punto decisivo. ¿Quién fija la cifra?
La Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento lo formuló así en su posición del 23 de junio: el límite debe fijarlo la Comisión, a recomendación del BCE, y revisarse al menos cada dos años. El Parlamento quiere para ello plena codecisión.
El Consejo lo ve de otra forma. En su mandato negociador de diciembre de 2025, el propio Consejo debe fijar un límite global, dentro del cual el BCE determina los límites de tenencia. Para las personas jurídicas, el mandato prevé de forma expresa también un límite de cero.
Para los empresarios no es un detalle. Un límite de tenencia de cero para las empresas significa: la empresa acepta euros digitales, pero no puede conservarlos. Según la posición de la Comisión de Asuntos Económicos, las empresas no podrían tener euros digitales, salvo para reunir pagos entrantes durante un máximo de 24 horas.
Quién maneja al final el regulador, la Comisión, el Consejo o el BCE, se negocia ahora. Que haya un regulador está decidido. Ambos legisladores quieren un límite. Solo discuten quién lo fija.
Y un regulador que se revisa cada dos años es, por definición, móvil. Hoy protege la estabilidad financiera. Para qué se ajuste mañana lo decide quien mañana sea competente.
Por qué un límite tiene que identificarte
Un límite de tenencia por persona solo funciona si el sistema sabe qué cuentas pertenecen a qué persona. Si no, abres simplemente tres cuentas en tres bancos.
La propuesta de la Comisión lo resuelve abiertamente. Los usuarios pueden tener varias cuentas en distintos proveedores. Pero para ellos rige un límite individual que reparten entre los distintos proveedores. Según el artículo 16, el usuario debe comunicar a los proveedores cómo se reparte su margen. Para las cuentas conjuntas rige la suma de los márgenes individuales.
Eso significa: un límite por persona necesita una persona claramente reconocible. Dinero e identidad se unen más que nunca.
Lo que supere el límite se traspasa, según la propuesta, de forma automática a una cuenta bancaria normal. La Comisión lo llama cascada. Sin cuenta bancaria vinculada, por tanto, no funciona. Y el euro digital no debe generar intereses, según el artículo 16.
Sin conexión como el efectivo, en línea como una cuenta
El Parlamento subraya la protección de datos. Según la posición de la comisión, deben incorporarse principios como la protección de datos desde el diseño y por defecto. Tecnologías como las pruebas de conocimiento cero deben verificar los pagos sin revelar datos personales. El propio BCE no debe tener acceso a los datos de identificación.
Al mismo tiempo, la misma posición describe dos mundos. Los pagos en línea van por un sistema basado en cuentas. Los pagos sin conexión van directamente por un dispositivo local de almacenamiento y deben funcionar como el efectivo. La consecuencia la nombra la propia comisión: quien pierde el dispositivo pierde el dinero sin conexión, sin reembolso.
Es decir: la privacidad parecida a la del efectivo solo existe sin conexión, en un dispositivo, para importes pequeños. Todo lo demás pasa por cuentas en bancos y proveedores de pagos que tienen que identificarte para que el límite funcione. Que el BCE no vea tu nombre no significa que nadie lo vea.
¿Programable o no?
Sobre la programabilidad, el proyecto contiene una frase propia. El artículo 24, apartado 2, de la propuesta de la Comisión dice: «El euro digital no será dinero programable». También el mandato del Consejo contiene una frase de igual contenido.
El mismo artículo 24 regula, sin embargo, en el apartado anterior otra cosa. El BCE puede adoptar normas para operaciones de pago condicionales. Y puede facilitar en la infraestructura de liquidación las funciones necesarias para ello, incluida la reserva de fondos. Los considerandos citan como ejemplos pagos automáticos que un programa activa según condiciones fijadas de antemano.
La diferencia entre un pago condicionado y el dinero programable es, según el proyecto, una cuestión de definición. Programables serían unidades cuyo uso se limita a determinados bienes o en el tiempo. Los pagos condicionados no deben perseguir ni producir ese efecto.
Es la situación jurídica de un proyecto sobre el que se negocia a partir de ahora. El texto no está aprobado, y qué saldrá del trílogo no lo sabe hoy nadie. Una prohibición en la ley limita lo que el sistema puede hacer legalmente. La infraestructura determina lo que puede hacer técnicamente. Las leyes se pueden cambiar. La infraestructura, una vez construida, se queda.
El argumento se llama soberanía
El proyecto no se justifica con el control, sino con la independencia. El euro digital debe dar a los ciudadanos, según el Parlamento, una forma segura de reducir la dependencia de proveedores de fuera de la UE.
El ponente del Parlamento, Fernando Navarrete Rojas, del PPE, resumió el objetivo en junio así: «The digital euro will complement cash, never replace it.» El euro digital debe, por tanto, complementar el efectivo, nunca sustituirlo.
Esa es la promesa política. Jurídicamente cuenta lo que figure en el texto del reglamento, y ese texto apenas empieza a negociarse. Una promesa en un comunicado de prensa no vincula a ningún legislador futuro. Una infraestructura con límite de tenencia, verificación de identidad y obligación de aceptación vincula, en cambio, a todo el que la usa.
Qué pasa con el efectivo
El Parlamento se ha pronunciado con claridad a favor del efectivo. Los países del euro deben quedar obligados a mantener el acceso al efectivo. Las empresas no deben poder excluirlo con un cartel o unas condiciones generales. Los Estados miembros deben vigilar con regularidad la disponibilidad de efectivo, pensando en las personas mayores, las de ingresos bajos y las que no tienen cuenta bancaria.
Para quien usa efectivo, eso cuenta. Pero también es posición negociadora, no ley. Y no cambia la dirección: junto al efectivo aparece un segundo dinero público que tiene un límite, necesita una identidad y funciona sobre una infraestructura central.
El calendario
El BCE decidió en octubre de 2025 pasar a la siguiente fase del proyecto. Su supuesto entonces: si el reglamento se aprueba a lo largo de 2026, a partir de mediados de 2027 podrían celebrarse un piloto y las primeras operaciones. Para una posible primera emisión, el Eurosistema quiere estar listo a lo largo de 2029.
El BCE aportó también los costes. Hasta la primera emisión calcula unos costes de desarrollo de unos 1.300 millones de euros, y después unos 320 millones de euros de costes de funcionamiento al año. Debe asumirlos el Eurosistema, cubiertos con los ingresos del señoreaje. Los costes están planificados antes de que exista la ley.
La decisión de si se emite el euro digital y cuándo la toma el Consejo de Gobierno del BCE solo después de aprobada la ley. El Parlamento quiere, tras la luz verde, una fase de introducción de al menos 24 meses.
Con el voto del 9 de julio, el calendario del BCE queda al alcance. Ambos legisladores tienen ya sus posiciones. Ambos quieren un límite. Ambos quieren una obligación de aceptación para la mayoría de los comercios.
Qué significa para España y para Suiza
En España, el euro digital sería, desde su emisión, de curso legal, con obligación de aceptación y límite. Llegaría a un país que ya limita el efectivo. Según el artículo 7 de la Ley 7/2012, no pueden pagarse en efectivo las operaciones de 1.000 euros o más en las que alguna de las partes actúe como empresario o profesional; para personas físicas sin domicilio fiscal en España, el límite es de 10.000 euros. Quien paga por encima de esas cifras ya hoy lo hace por banco.
Suiza no forma parte de la zona euro. Según la posición de la Comisión de Asuntos Económicos, también los visitantes y, en determinados casos, quienes viven fuera de la zona euro deben poder usar el euro digital. Quien vive en Suiza y tiene en la zona euro cuentas, rentas de alquiler o relaciones comerciales se mueve en el futuro también en este sistema. Para el franco no rige ninguna de estas reglas. Sobre él decide Suiza, no Bruselas ni Fráncfort.
Qué haces con esto
El euro digital no es motivo de pánico. Es motivo para revisar la propia estructura. La pregunta no es si lo usarás. La pregunta es cuánto de tu patrimonio depende de un único espacio monetario y de sus parámetros.
Tres cosas quedan fuera del alcance de cualquier límite de tenencia:
- Cuentas fuera de la UE, en otras monedas y espacios jurídicos. Qué lugares entran en juego lo muestra nuestro resumen de cuentas bancarias fuera de la UE. Se trata de protección patrimonial, no de los pagos del día a día.
- Metales preciosos físicos, guardados fuera de la UE. Cómo funciona en Suiza, en Liechtenstein o en Singapur lo explica nuestra página sobre guardar oro en el extranjero.
- Espacios jurídicos fuera de la UE para las estructuras que tienen tu patrimonio. Los motivos los hemos resumido en por qué fuera de la UE.
Quien quiera ver la línea más amplia en la que se inserta el nuevo dinero de banco central la encuentra en nuestro análisis sobre el Great Reset.
El euro digital no llegará de la noche a la mañana. Pero las decisiones que ahora se negocian en Bruselas regirán después durante décadas. Quien quiere estar preparado se prepara mientras los parámetros aún se negocian, no cuando ya están fijados.